Itziar Azkona – Orden Y Libertad Ciclo Saturno Urano 1988 – 2032

EL CICLO ASTRONÓMICO

Una vez más, al hablar de astrología mundana tenemos que hablar de ciclos. En esta ocasión, del ciclo Saturno-Urano que ha tenido lugar en los últimos tiempos cada 43 – 47 años, es decir unos 45 años de media. Las últimas conjunciones o comienzos de ciclo entre los dos planetas tuvieron lugar en 1942 y en 1988. Esto implica que actualmente estamos al final del ciclo que se inició en 1988, en el signo de Sagitario y que se cerrará en 2032. Estamos por tanto en 2021 y buena parte de 2022 en la fase decreciente del ciclo, en concreto en la cuadratura, cuando ambos planetas se encuentran a 90 grados el uno del otro, un punto de máxima tensión angular. La mitad del ciclo, cuando los dos planetas estuvieron en oposición, tuvo lugar entre los años 2008 y 2010 con acontecimientos financieros críticos que entonces se dieron.

Si recordamos brevemente en qué consiste un ciclo completo, habría que decir que la conjunción o el inicio de ciclo se corresponde al estado de sembrar la semilla, la fase creciente sería la de crecimiento de la planta, la oposición el momento del fruto recogido y la fase decreciente, en la que que se encuentra ahora este ciclo, el tiempo de tomar consciencia y contrastar si lo que se concretó en la fase creciente del ciclo es lo que se esperaba o deseaba. Es decir que estamos en un momento de crisis y de ajuste, en el proceso de aceptación e integración del resultado obtenido. Es, por tanto, una fase para reflexionar en qué se ha acertado y en qué se ha fracasado con la intención de aceptar lo que es tal y como es en preparación del cierre de un ciclo que se dará entre este año y el 2032. Y todo ello en términos de progreso, que es la idea central del ciclo entre Saturno y Urano.

Con Saturno y Urano, las fuerzas conservadoras y liberales se polarizan de manera extrema, lo que lleva a que el ciclo se caracterice por la ruptura de límites, la caída de estructuras obsoletas y un empuje hacia el progreso, ya que Saturno representa estructura, solidez, tradición, conservadurismo y Urano representa justo lo contrario, revolución, inventos y tecnología. En definitiva, ambos representan lo viejo y lo nuevo, y juntos pueden concretar avances significativos.

Así, en 1988 los acontecimientos sincrónicos con el inicio de este ciclo incluyeron eventos como la caída del Muro de Berlín y la unificación de Alemania (1989), el desmantelamiento del Apartheid y la liberación de Nelson Mandela (1990), la ruptura de la Unión Soviética (1991) y la reestructuración de las fronteras europeas como la de Yugoslavia (1992). Una nueva forma de pensar, nuevas creencias estaban destinadas a permear las antiguas estructuras hasta hacer caer todo lo que ya no sería útil en el nuevo ciclo de progreso.

Por último, apuntar que la fase de cuarto decreciente en la que se encuentra el ciclo ahora tiene una secuencia de encuentros que se empezaron a intuir desde abril de 2020, pero que tienen su punto central el 17 de febrero de 2021, el 14 de junio y el 23 de diciembre de este año y el 1 de octubre de 2022. Por tanto, la tónica de este año se alargará prácticamente hasta enero de 2023, momento en que podremos empezar a percibir con cierta perspectiva el sentido de todo lo que nos ha acontecido y seguirá teniendo lugar a lo largo de estos meses.

EL MITO ARQUETÍPICO

Mitológicamente nos encontramos ante dos arquetipos que representan al padre y al hijo que lo destituye. Urano, el cielo, enterraba a todos sus hijos bajo la tierra ni bien nacían, no dejaba ni siquiera que Gaia, la tierra, pudiera expulsar a sus hijos, ya que eran devueltos al útero sin poder llegar a ver la luz. Gaia salvó al más joven de sus hijos titanes y le pidió que acabara con las atrocidades de su padre. Había llegado la hora de sesgar una actividad creadora desbocada, reprimida y represora. Es así que Saturno, en una noche en que Urano y Gaia copulaban, cercenó los genitales de su padre para tirarlos al mar. Cuenta una de las versiones mitológicas que al caer el semen de Urano al mar surgió la diosa Venus. Lo que indicaría que la posibilidad de reconciliación entre estas dos fuerzas opuestas podría estar en el arquetipo de Venus como punto de equilibrio, mediación y vínculo.

Puede parecer que al hablar de Saturno como lo viejo y de Urano como lo nuevo caigamos en la simplificación de asociar a Saturno con lo malo y a Urano con lo bueno. Nada más lejos de la realidad. Tal y como nos muestra el mito, Urano, el cielo, cuando adopta una actitud dogmática racionalizadora extrema puede abocarnos a fanatismos y extremismos radicales. Al mismo tiempo que Saturno, en su versión de luz, puede traer la solidez y la seguridad que da un uso o costumbre que ha sido construido con esfuerzo, disciplina y rigurosidad, en base al saber por experiencia. Los dos son arquetipos que se necesitan para dar forma segura al progreso y para romper con estructuras caducas. Los dos se necesitan para concretar y materializar ideas prácticas que lleven a un avance sustancial.

EL SÍMBOLO ASTROLÓGICO

Astrológicamente podemos ver en el encuentro de estos dos planetas otra cuestión significativa que los vincula, y es que los dos son regentes del signo de Acuario; Saturno el viejo regente y Urano el nuevo regente. Además, Saturno estará en 2021 y 2022 en el signo de Acuario. Es así de esperar que los dos se presenten al Parlamento, en asientos alejados pero con la agenda de establecer leyes y políticas más igualitarias, más democráticas.

A finales de 2020 ya se intuía astrológicamente que este año no sería un año tranquilo ni la solución o liberación de todo lo ocurrido durante los inicios de la pandemia. Ya en el pronóstico que hicimos en el congreso de diciembre de 2021 y en los artículos de la Revista del número 8 se hablaba de conflicto, tensión y un posible aumento de la agresividad y la violencia. Es importante visualizar que cuando dos planetas están en cuadratura, cualquier planeta en tránsito que se coloque a 90 grados de cualquiera de los dos formará una Cruz en T, lo cual añadirá tensión energética. Así, los encuentros con Marte y con la Luna, incluso con Venus, que a su vez han estado en angularidad tensa con Plutón en más de una ocasión, han añadido tensión al panorama, tanto a nivel personal como colectivo, en lo que va de año.

A nivel astrológico, todo lo que tiene que ver con estructuras sociales y políticas está siendo constantemente revisado. Si Saturno representa la autoridad, las instituciones de gobiernos que proveen orden y seguridad, Urano representa la rebelión, la disidencia, la libertad de expresión, la tecnología, los inventos, el progreso. Juntos, en 1988, iniciaban un nuevo ciclo en el signo de Sagitario dispuestos a promover el progreso en las creencias sociales de base. Esas creencias nos confrontan ahora con poder ver si hemos tenido éxito en hacernos más tolerantes y más abiertos a otras razas, otras culturas, otras formas de pensar y de vivir, incluyendo al propio planeta Tierra. En esta revisión, los temas se amontonan en nuestras agendas sociopolíticas, y son temas relacionados con la inmigración, con el tipo de democracia que tenemos, con los derechos, las desigualdades, etc. La urgencia viene dada porque se acerca el final del ciclo. El tiempo se acaba y debemos despertar a todo lo que, de no ser suficientemente sólido, no se podrá sostener en pie por más tiempo.

LA CUADRATURA SATURNO EN ACUARIO Y URANO EN TAURO

Si durante el desarrollo del ciclo, en sus momentos claves, se dieron terremotos importantes como el de Turquía y movimientos políticos significativos como la llegada al poder de Barack Obama, henos aquí para presenciar durante este 2021 como los derrumbes por corrimiento de tierras se van sucediendo: ahí el terremoto de Haití, el derrumbe del castillo de naipes en Afganistán y hasta derrumbes de edificios en algunos países. A nivel psicológico, esto se traslada en derrumbes de estructuras personales. Se me antoja muy sincrónico que dos de los países más pobres del mundo hayan roto estructuras al mismo tiempo. Por mucho que las noticias no lo transmitan porque no es de interés, la realidad es que Haití ha sufrido en agosto un terremoto fortísimo seguido de una gran tormenta tropical y a día de hoy aún hay lugares allí donde la ayuda a la población apenas está llegando.

Si revisamos algunos ejemplos a nivel de países, la cuadratura, por ejemplo, entrará en contacto con el Marte de la Carta de España en la casa de los recursos, lo cual podría dar lugar a acciones determinantes en momentos de crisis que podrían resultar en actos de violencia significativa. Todo esto sucede en un momento en que España ha entrado en un período de tener que enfrentar de manera más realista la gestión de sus recursos, tanto a nivel ecológico como financiero.

En la carta de la Unión Europea, la cuadratura afecta directamente al sentido de pertenencia, despierta viejas heridas y cuestiona el sistema de reparto de recursos. De alguna manera, el matrimonio y la convivencia entre los países miembros pasa por una fase volátil e inestable que podría dar frutos sobre una mejor gestión de la diversidad, donde cada país siguiera perteneciendo pero contando, al mismo tiempo, con más margen y libertad.

La carta de Estados Unidos es más compleja, puesto que este país está ya de lleno inmerso en su retorno de Plutón, lo que podría estar llevando a su muerte y resurrección, a un proceso de sanación y de regeneración que pondrá a prueba toda su estructura de manera profunda e intensa. Todo lo oculto, lo secreto y lo invisible saldrá a la luz y se sacudirán los cimientos. El momento contiene toda la fuerza y determinación para resurgir de las cenizas pero, para ello, el descenso a los infiernos parece inevitable. Podríamos estar en la antesala del cambio de poder geoestratégico, algo que ya se ha iniciado con Afganistán y que podría concretarse en más aspectos, como por ejemplo que el dólar dejara de ser la moneda de uso a nivel internacional.

En Rusia se esperan para finales de año y 2022 sorpresas importantes, ya que la cuadratura Saturno-Urano contacta directamente con su Urano natal, también en Acuario. Lo que ocurrirá será, sin duda, una gran sorpresa, difícil de prever, pero será algo que se haga notar y que dé un vuelco al país en algún sentido. En China, sin embargo, los acontecimientos sincrónicos con la cuadratura afectarían más a sus relaciones con otros países y a la estabilidad de su propia imagen, algo que ya se ha iniciado con el Coronavirus.

En cualquiera de los escenarios, lo que estaremos revisando durante todo este año y el que viene es el concepto de libertad, y si las democracias occidentales son el sustento organizativo que mejor la ordenan o si, por el contrario, es un sistema que la utiliza y la manipula para sólo unos pocos. Podrían darse circunstancias que nos llevaran a reflexionar sobre el concepto de libertad individual versus libertad colectiva. Al mismo tiempo, el debate sobre la tecnología y su efecto sobre la libertad podría intensificarse. Esto bien podría sonar a debate filosófico pero es, desde luego, el sustrato de uno de nuestros momentos actuales.

Estaríamos frente a toda una batalla por ver quién gana el discurso cultural, quién se trabaja la historia más creíble, quién impone el constructo sociopolítico y económico más penetrante. A mi modo de ver, el sistema se está desmoronando mientras se libra esta batalla porque lo invisible que es muy real está penetrando sustratos potentes del colectivo. En el proceso, la clave es cómo logramos integrar con más tolerancia y flexibilidad las fuerzas opuestas que albergan en nuestro interior la semilla de un mundo nuevo. El gran cambio podría involucrar dejar de preguntarle a la astrología qué es lo que va a pasar y comenzar a leer en ella lo que yo quiero que pase, inspirando mi proyección en lo que los astros con sus ciclos apuntan como su máximo potencial. No porque yo manipule la astrología sino porque conecte con la lectura más arquetípica y positiva posible. Las dos fuerzas de Saturno y Urano, por separado, nos plantean el blanco y el negro. Pues bien,  recordad que Venus es muy de grises, el color que mejor combina el yin y el yang, lo femenino y lo masculino, el color que los equilibra, el color que los une en un abrazo, el color del amor. Venus como el orden libre o la libertad ordenada que posibilita una mejor convivencia.

 

Este artículo apareció originalmente publicado en www.revistastellium.com

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