Itziar Azkona – Jupiter-Neptuno en Piscis

La Conjunción Avatar

EL CICLO ASTRONÓMICO

Júpiter alcanzará en conjunción exacta a Neptuno el 12 de abril de 2022 a los 23º 58’ de Piscis. Se cierra en ese instante el ciclo anterior, iniciado 13 años antes, para dar comienzo al nuevo. Dicha conjunción se va sucediendo en los signos de manera inversa, en sentido esotérico, es decir de Aries a Tauro en vez de Aries a Piscis, y completa el tránsito por los 12 signos al cabo de unos 166 años. La última conjunción como la de este año, en Piscis, tuvo lugar en 1856, cuando nacen Sigmund Freud y Nicola Tesla. De una parte, Freud encarnaría la idea de navegar y bucear en el inconsciente dando vida a un mundo nuevo, el psicológico. Por otro lado, Nicola Tesla daría vida al sueño, que aún perdura, de una energía libre para todos, y de crear y mantener la luz, el calor, la vida. Se cuenta que Nicola Tesla, incluso, participó en el experimento Filadelfia cuyo objetivo hubiera sido el de hacer desaparecer un submarino. Este evento reverbera, sin duda, la simbología de un poderoso Neptuno diluyendo los límites de lo físico y haciendo que algo muy grande, muy jupiteriano, pudiera pasar a otro plano, a otra dimensión, más allá de lo físico.

Esta misma idea es parte de la trama principal de la película Avatar, en la que el protagonista, que no puede caminar por una lesión en sus piernas, lo logra en otra dimensión, cuando trasciende los límites de lo físico, a través de un avatar. En 2022 emerge, de manera similar, la idea de la empresa Meta, antiguamente Facebook, para crear el metaverso, ese mundo en el que podríamos crear nuevas realidades a las que acceder a través de un avatar. Pero volvamos antes, un ratito, al pasado más reciente, al comienzo de este ciclo que termina.

En 2009, fecha de la conjunción Júpiter-Neptuno anterior, el cine sufrió un revulsivo con el lanzamiento de la película de James Cameron, Avatar. Esta película marcó el impulso definitivo del cine en 3D y resultó ser, en su momento, la película de mayor recaudación de la historia, es decir que conectó con millones de personas. No en vano el ciclo Júpiter-Neptuno comienza en 2009 en el signo de Acuario, signo de la tecnología más ingeniosa. Toda la temática de Avatar contiene, además, una simbología vinculada a las energías de Júpiter-Neptuno en su versión más espiritual, en la versión en que ambos arquetipos nos llevan a creer que todo es posible y a superar los límites físicos. Como decía, el protagonista de la película accede a un mundo dimensional nuevo, más sutil, del que tiene que aprender desde cero para poder conectar consigo mismo y con el resto de las especies. La unidad aparece como fuente de poder y de la fuerza de ese mundo, en recuerdo de ese Júpiter-Neptuno en Acuario.

Trece años después, en diciembre de 2022, en el albor del nuevo ciclo, se espera el lanzamiento de Avatar II. de la mano de un director, James Camerón, que tiene en su carta natal, como aspecto principal, una T-cuadrada que une a Júpiter con Neptuno y Quirón. El nuevo Avatar será, además, una película de la que ya se sabe que transcurrirá principalmente en el elemento agua, como el del signo de Piscis, donde comienza este nuevo ciclo. Sin una explicación lógica científica para la expresión de tanta sincronicidad, nos queda la posibilidad de entregarnos a los brazos de una conjunción que busca primero diluir todo poder absoluto hasta hundirnos en lo más profundo de lo inconsciente, de lo desconocido, de lo mágico para, finalmente, elevarnos.

En el encuentro de estos dos planetas se puede dar inicio, por tanto, a creaciones en el mundo de la fotografía y del cine. Suele ser también expresión de nuevos sueños, como ocurriría en 2009 cuando Obama subió al poder y generó toda una ola de cambio, sueños y nuevas expectativas. De hecho, su slogan de campaña fue un “Yes, we can” (Sí, podemos) que dio vida, a nivel colectivo, a un pulso psicológico interno muy poderoso, seguramente necesitado de nacer, de expresarse, de ver la luz y dar un pequeño gran empujón a una nueva filosofía de vida basada en sentir que cuando “creemos, creamos”, idea base de toda la psicología moderna, del coaching o de la física cuántica, entre otros.

Pero esta conjunción, que puede parecer, a priori, inocente, estimuladora de sueños, ambiciosa en temas de paz y elevación espiritual, tiene otras aristas. En astrología mundana es un ciclo asociado a guerras de religión por ideales. En 2009, cinco días después de la conjunción, una mujer atacó al Papa. Lo que tiene que ver con las ideologías, las creencias o la religión puede ser llevado a extremos. Y aunque este ciclo nos pueda llevar a expresar, a nivel colectivo, nuevas ideologías, lleva implícito el efecto neptuniano de la decepción, de enfrentarnos con la realidad en su versión más tozuda. Igual por eso, desde el mismo inicio de la guerra de Rusia, las primeras noticias del bando occidental hablan de cómo Putin podría haber perdido la guerra antes de empezar. Veremos quién de los dos bandos se decepciona antes o peor.

 

UNA PROPUESTA DE MITO ARQUETÍPICO

Júpiter y Neptuno, en su versión de Zeus y Poseidón, están presentes en la mitología. En particular, su energía me lleva a conectar con el viaje de Ulises de la Odisea atribuida a Homero. En ese viaje, el Dios Todopoderoso que obliga al Héroe a hacer un viaje de retorno a casa de enorme transformación es Neptuno. Ulises, un héroe henchido de poder tras su papel clave en la victoria de la guerra de Troya, regresa a su reino, a Ítaca, sin ninguna o poca consciencia de sus actos. Aquí Ulises bien podría representar alguna cualidad jupiteriana, reforzada por la idea de que durante los 20 años que dura la Odisea Ulises se ve acompañado y aconsejado, en todo momento, por Atenea, la hija de Júpiter.

En su vuelta de la guerra, insuflado por el fuego que da tocar el Olimpo como héroe máximo de una gran contienda, Ulises osa matar al Cíclope Polifemo, hijo de Neptuno, en el comienzo de su viaje de regreso a casa. Le hiere con una lanza en el tercer ojo, como expresión máxima de la negación de su lado más intuitivo, el punto a través del cual percibir toda la realidad más extrasensorial. Neptuno, herido en lo más profundo por la negación y destrucción de su propia naturaleza, inicia todo lo necesario para impedir que Ulises termine de alcanzar la gloria equivocada y actúa desde su verdadera naturaleza, la de diluir el ego, la de diluir la inflama de cuando nos creemos todopoderosas e invencibles. Y lo hace generando que los 10 años de viaje de regreso de Ulises sean un verdadero caos, tratando de que olvide, en todo momento, su propósito vital en un viaje, en el que se halla constantemente perdido y sin recursos.

Neptuno tiene todo el poder, es él el que guía y escribe el guión. Júpiter, como Dios, tiene poco que hacer, salvo enviar a Hermes-Mercurio a rescatar al héroe en algunas ocasiones. Una de estas ocasiones es el momento en que Ulises es secuestrado por Calipso, que se enamora de él y quiere quedárselo para ella hasta el punto que le ofrece la inmortalidad. Calipso, etimológicamente “ocultar”, actúa como expresión coadyuvante de lo neptuniano, pretender que Ulises olvide, que se despiste, que se confunda, que se pierda y que nunca regrese a su reino. Pero él, que sólo quiere regresar, intuye en lo más profundo que la inmortalidad es una trampa, que la verdadera espiritualidad en la Tierra es la de alcanzar un nivel de consciencia que le permita ser rey en su tierra, con su cuerpo, desde su ego transformado, regenerado. Como ese ego humilde, al servicio del alma, que llega, finalmente a Ítaca, vestido de mendigo sin ser reconocido y poder, así, conquistar el reino de su patria, dejando el reino de los cielos para otros, o quizás para otro momento.

 

EL SÍMBOLO ASTROLÓGICO

Esta conjunción que nos podría llenar de grandes expectativas, sueños e ideales en pro de la unidad de la humanidad tiene su lado más amargo cuando Neptuno nos recuerda que hay momentos en que Júpiter-Zeus debe rendirse a su poder, al menos hasta que no se haya conectado con la realidad del momento presente y no con la nostalgia del pasado ni con la esperanza del futuro. Es por ello que este año 2022 pueda ser un año de mucha confusión a nivel colectivo y, desde luego, de importantes decepciones y desilusiones. Serán abundantes los momentos en que podamos vernos rodeadas de la fuerte marea y la tempestad de las olas, confusas, tendidas en islas en las que suframos la tentación de olvidar. Momentos en los que podríamos vivir grandes decepciones y sufrir intensa frustración. Ahí se forjaría nuestro ego, a través de ver cómo lo gestionamos. Una clave podría ser la de dar tiempo a que la marea baje, a que podamos recordar cuál es nuestro propósito vital y a reconocer que la realidad es más real que la ilusión de esta. Estaríamos en el camino de regreso a casa, de aprender a caminar, a pensar y a sentir a la inversa, como el camino de Júpiter-Neptuno a través de los signos, de Aries a Tauro, en la búsqueda del hilo que nos devuelva al origen de algunas cosas. Un ciclo que quizás nos devuelve como el mar contra las rocas de una realidad en la que vivimos y de la que hemos venido a aprender, para impulsarnos a una espiritualidad más terrenal, más realista, más auténtica.

Estos dos planetas son regentes del signo en el que en este año 2022 inician su nuevo viaje juntos, regentes de Piscis, la energía a través de la que se expresarán aún más sinceros, más puros, incluso más salvajes. Es por ello que en el artículo sobre la nueva guerra en Europa, de este mismo número de la revista se proponen dos alternativas a su desenlace.

A nivel personal, la interpretación astrológica, siempre interdependiente con la carta natal individual de cada una, podría representar un reto a nuestro viaje de regreso a nuestra Ítaca particular. Se nos podría dar la oportunidad de ver si somos capaces de sostenernos en nuestra isla perdida hasta que llegue el momento en que la niebla se disipe y podamos avanzar, o si bien, pagamos con más guerra y proyectamos nuestra ira, frustración y decepciones en el otro, hacia el exterior. Lo primero, como a Ulises, nos devolvería a nuestro centro, a nuestro espacio en el orden del cosmos, a nuestro propósito vital. A pesar de todas las tribulaciones, a Ulises siempre le acompañó Atenea, su guía y consejera interna, su propia lucidez, su sabiduría álmica inmanente. Una guía que nos llevaría a vencer nuestro miedo a la muerte y no a la muerte misma que es inherente a nuestra vida. Si, como a Ulises, el caos nos aparece cuando estamos bien lejos de nuestro centro, hagamos por volver al momento presente, apoyémonos en ese Nodo Lunar en Tauro. Veamos si somos capaces de rechazar los cantos de sirenas, los ecos de una inmortalidad ilusoria, que no es otra forma más de morir, y aprender, un paso más, a caminar al revés, a transitar el reverso de la vida en busca de un ideal personal que sume a lo colectivo.

 

Este artículo apareció originalmente publicado en www.revistastellium.com

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