Arminda Abdola – La corporalidad en la práctica astrológica

A lo largo de este texto se revela una danza, una conversación poética entre cuerpo y símbolo de la que todes participamos de una u otra manera. Y digo poética en tanto que se trata de una conversación que requiere de nosotres disponibilidad para no saber, así como para adentrarnos en lo sutil, de manera que podamos crear puentes creativos entre nuestra experiencia corporal sobre este planeta y el desarrollo del lenguaje simbólico. Como recurso principal para acompañar este proceso, profundizaremos en la relación entre Astrología y Educación Somática. Tal vez sea suficiente este recurso para atravesar con ingenio el desafío de seguir poniendo la voz y el cuerpo al servicio de la complejidad cósmica.

Dentro de los estudios somáticos, y en especial del enfoque Body-Mind Centering®, se profundiza experiencialmente en sistemas y aspectos orgánicos de nuestra corporeidad como una manera de tomar consciencia de los propios recursos y, con ancla en ellos, favorecer ciertas transformaciones que amplíen nuestras posibilidades de desarrollo. A este tipo de facilitación se la llama “reeducación de patrones” (repatterning) y, aunque parte de una dimensión anatómica, sin duda reformula y apela al resto de las dimensiones de nuestra experiencia humana.

Así, tal como también evidencia el lenguaje astrológico, el estudio anatómico y experiencial del cuerpo que vamos siendo nos permite reconocer en carne cómo la codificación de la vida sucede, una y otra vez, en base a procesos sistémicos. Procesos de amplio calado o de envergadura microscópica, siempre vinculares, sostenidos en una trama indisociable, irreductible y plena de inteligencia.

Al abordar el Sistema Esquelético, por ejemplo, podemos adentrarnos en la relación entre su dimensión sólida (mineral) y su dimensión fluida (medular) o en el vínculo entre aspectos como el espacio y la movilidad o el contenedor y el contenido. ¿Acaso es posible el movimiento articular sin la separación (espacio) entre huesos? Sin el apoyo de los órganos, ¿podría el tórax ejercer como su contenedor?

Atendiendo a la complejidad de estas relaciones, evitamos achatar -al menos de cierta forma- la experiencia ósea en nosotres y, con ello, el aporte que la configuración de este sistema ofrece a nuestro desarrollo cognitivo. En palabras de Bonnie Brainbridge, fundadora de este enfoque: “por medio de la corporalización del sistema esquelético la mente se vuelve estructuralmente organizada, proporcionando la base de apoyo para los pensamientos, la palanca para las ideas y los fulcros o espacios entre las ideas para la articulación y la comprensión de sus relaciones.”

En el enfoque astrológico ocurre lo mismo: el hecho de abordar el principio lunar (medular, fluido, contenido) en continuo diálogo con el principio saturnino (óseo, estructural, contenedor) o el principio marcial (movilidad, espaciosidad, realización) nos ofrece la posibilidad de no achatar la experiencia simbólica en nosotres.

Me he servido de estas pequeñas asociaciones para ejemplificar cómo es posible caer a la propia experiencia somática (entendiendo el soma como cuerpo que se experimenta a sí mismo) para dejarse embargar de un sentido o, más bien, de una dinámica vincular que precede a la significación astrológica, que la impregna y que, además, está siempre disponible para quien se deja caer a ella. Para cualquiera que se deje caer en ella, pues los códigos de la creación viven tanto en el complejo diálogo entre las estrellas como en la complejidad de nuestro entremado corporal-somático.

Percibo esta disponibilidad radical, es decir, de raíz, a caer hacia nuestra propia corporeidad como uno de los tesoros que intermedian entre nuestra hambre intelectual, nuestra pulsión de control y la posibilidad de abrazar un camino de integridad mamífero, humano y estelar. Este tesoro nos permite ceder hacia la sabiduría que nos subyace, caminar el símbolo con el propio cuerpo, encontrar las propias asociaciones, actualizarlas y constantemente humedecer con el sudor y la saliva nuestra experiencia-comprensión-corporización de la Astrología.

Tal vez sea esta, en parte, una estrategia más para continuar alimentando y dando sustancia a nuestra relación con lo simbólico, tal como lo es la observación astronómica. Es posible que al volvernos presentes en nuestro propio hábitat matriz, nuestro cuerpo, podamos cocrear una Astrología que aúne cientificidad y poética, al mismo tiempo que la vuelva próxima y mundana, un lenguaje común.

En esta tesitura, el rol del astrólogue quizás se pueda entrever como un compromiso de caída continua hacia el Sol, sí, pero más concretamente hacia la corporeidad del Sol, hacia la experiencia somática de la propia solaridad, su irradiación fecundadora y, cómo no, hacia el resto de nuestro entramado orgánico. De manera que, como astrólogues, no solo alcancemos cierto conocimiento o lleguemos a una posición específica, sino que nos demos el permiso de ceder y dejar que en el ceder se revele la dinámica vincular que siempre estuvo operando y a la que el símbolo evoca, desboca o acalma.

Y he aquí una de las aplicabilidades que encuentro más pertinentes a la hora de especializarse en la caída hacia la experiencia simbólica: la de acalmar el ímpetu de quien olvidó la manera de caer hacia sí, hacia el cuerpo disponible donde habita, antes de que la nombremos, la complejidad de nuestros recursos. Complejidad en tanto que sistémica, no incognoscible.

Entonces, en la intimidad de la consulta, al caer hacia nuestra corporeidad (también llamada, en este contexto, de “presencia”), evidenciamos el camino de acceso al símbolo y a la dinámica vincular que le subyace. Fuera del altar, del podio, del escenario: compartiendo la misma experiencia que les consultantes. La experiencia sensible y humilde de dejarnos caer hacia lo que hay.

¡Cuán difícil es sostener esta práctica! ¡Cuán difícil, incluso, es recordar que el acceso a la experiencia simbólica requiere de pocas indicaciones, de un ligero apoyo y, sobre todo, de una confianza genuina, fruto de años de persistencia y amor!

Volviendo al correlato con los estudios somáticos, mencionaré una manera de facilitar o dar soporte a otra persona que acostumbra a usarse a la hora de tener en cuenta el desarrollo de los sentidos y la percepción. Me refiero a lo que nombramos como “facilitar espacio”.

Habitualmente, entendemos que facilitar a través del tacto o del movimiento implica llegar a tocar a quien está siendo facilitada para obtener algo. La realidad es que existen infinidad de maneras de tocar, muchas de las cuales no tratan de obtener algo en concreto, sino de dar el soporte pertinente para que el cuerpo facilitado vuelva a caer hacia sí, en el sentido de encontrar un lugar de recurso en la inteligencia de su propia corporeidad. Existe, en esta línea, la posibilidad de que nuestro tacto pueda estar motivado por una intención de ofrecer espacio a la otra persona o, incluso, de facilitar tiempo. Repito: este tipo de facilitación no trata de obtener un resultado, sino de abrir la posibilidad de que estas cualidades (espaciocidad o temporalidad) se amplifiquen.

Sostener en nuestras manos la intención de crear espaciosidad puede dar soporte a la persona para sentirse contenida a la par que envuelta en una cualidad aérea que le permita explorar por sí misma su deseo de mover, de mantenerse en quietud, de crecer hacia nuestras manos, de alejarse o, sencillamente, de hacerse consciente del espacio que la rodea. Un espacio con el que puede vincularse afectivamente y en el que puede encontrar soporte.

Esta es una manera de invitar al desarrollo del sentido del tacto a expandir su rango perceptivo, por ejemplo, o a que las vías del Sistema Nervioso, si se sienten muy presionadas por los tejidos subyacentes, puedan expandirse y reubicarse, y así liberar el flujo de información que las recorre. Esto es especialmente útil en problemáticas de ciática, por ejemplo.

Asimismo, en la consulta astrológica podemos, a través de distintas tácticas o mediante nuestra mera presencia, facilitar espacio y facilitar tiempo a medida que nos embebemos de esas cualidades, pues si no, ¿cómo podríamos ofrecer aquello con lo que no somos capaces de vincularnos? O tal vez suceda el regalo de que nos vinculemos juntes con un aspecto de nuestra corporeidad que, hasta ese momento, no éramos capaces de significar o de percibir siquiera.

En la temporalidad acuariana de nuestro cielo, ofrecer una espaciosidad integradora y un tiempo fecundo que se despliegue en múltiples capas, parecería clave para que el cuerpo encuentre el lugar interno hacia el que está buscando ceder: el acceso a su propia inteligencia sistémica. ¿Y cómo facilitar espacio? ¿Cómo facilitar tiempo? Cada quien encuentra su táctica. A mí me sirve apoyarme en la experiencia de los diversos tiempos planetarios, en los ciclos y, sobre todo, en la lentitud, incluso en la lentitud que vive en lo rápido (las retrogradaciones del velocísimo Mercurio, por ejemplo).

También me da soporte apoyarme en la flotabilidad que el líquido encefalorraquídeo le ofrece, al abrazarlo, a mi acostumbradamente excitado sistema nervioso; mover la columna para percibir la espaciocidad entre las vértebras que pensamos como un solo trazo; e, incluso, llevar la atención a mi bajo vientre, donde los movimientos peristálticos de mis intestinos me permiten conectar con una cualidad constante, demorada y, sin embargo, muy clara en relación a la dirección hacia la que invitan a viajar a nuestros desechos. Mis intestinos siempre saben dónde es el abajo.

Constato que una de las grandes dolencias de nuestra época es la de haber erradicado la demora: la licencia de demorarse en la escucha y en habitar lo que nos atraviesa. Esto podría leerse en clave somática como una falta de modulación entre nuestro Sistema Nervioso simpático y el parasimpático o, dicho de otra manera, entre nuestra habilidad de estar mercurial, marcial y jupiterianamente disponibles, y nuestra habilidad para reposar Luna adentro y sintonizar con los valores profundos de nuestra Venus o del ensueño sutil de Neptuno.

Ante esta dolencia: ¿qué información puede ayudar a favorecer procesos regulativos? ¿Qué prácticas, dinámicas o cualidades pueden propiciar la modulación interna? ¿Qué inteligencia podemos ayudar a revelar durante el encuentro? ¿Qué afectividad?

¿Qué cuerpo le ponemos a la Astrología que practicamos y nos atraviesa?

 

Este artículo apareció originalmente publicado en www.revistastellium.com

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