Eva Urrutia, Itziar Azkona – Astromúsica: Claro de Luna

Picture Article: Ibon Andollo Gomez, grado de Bellas Artes en Arte Digital y Animación, Digipen Institute of Technology of Europe-Bilbao

ASTROMÚSICA

La Luna ha sido fuente de inspiración de diversas composiciones musicales clásicas en las que se nos induce a viajes llenos de sentimiento, imaginación y fantasía. Astronómicamente es el satélite natural de la Tierra, desde donde sólo es visible una de sus caras. Siempre vemos la misma cara de la luna, sin importar cuándo se observe. Esto se debe a que la Luna tarda el mismo tiempo en rotar sobre su eje que en efectuar la traslación alrededor de la Tierra.

Astrológicamente, la Luna es uno de los puntos clave a tener en cuenta en el estudio de la interpretación de la carta natal. Representa nuestros hábitos, sentimientos, emociones y afectos más internos. Habla de nuestro sentido de seguridad y pertenencia. Simbólicamente evoca a la Madre, lo femenino, la creatividad, el apego inconsciente y el modo en que conectamos con el mundo y con los demás. En ella está contenido el recuerdo de cómo nos nutrieron en la infancia. Por lo tanto, influye en cómo somos capaces de relacionarnos en la edad adulta desde ese lugar en el que nuestras necesidades personales deben convivir con las de los demás en un tipo de relación que sea igualitaria y respetuosa. Ella es también quien puede revelar en qué forma nos cuidamos a nosotros mismos.

La Luna nos ha fascinado siempre de manera colectiva. Desde antaño ha estado presente en mitos, ha sido el centro de rituales y se ha visto atrapada entre supersticiones. Desde el mito de Selene, pasando por el Hombre Lobo, hasta los múltiples hechizos de los magos y las brujas asociados a la Luna. Su particular movimiento, su luz, sus fases cíclicas, todo ha inspirado al ser humano y le ha colmado de fantasía, imaginación y misterio. Históricamente la Luna ha sido fuente de inspiración de poetas, filósofos, escritores y músicos. En particular, a lo largo de la historia de la música son muchos los compositores que han sentido atracción hacia la Luna y recibieron un gran influjo de ella.

Este misterioso satélite, que curiosamente está a una distancia de la Tierra tal que, aún siendo infinitamente más pequeño que el Sol puede eclipsarlo cuyo tamaño y distancia exacta entre, influye directamente en nuestras vidas terrestres. Su energía magnética está relacionada con fenómenos como las mareas, los alumbramientos y hasta con la conducta psicológica de algún que otro lunático. Y cómo no, esto también caló entre diferentes músicos, como fue el caso de Ludwig van Beethoven, por cierto, tachado de “loco” en su época. En realidad Beethoven fue un genio. Musicalmente es la figura central de la transición entre el clasicismo del siglo XVIII y el romanticismo del siglo XIX. Es el revolucionario de la música moderna por la profunda influencia que ejerció sobre las siguientes generaciones de músicos y porque cambió la forma de componer y de entender la música. Su nueva música emociona y perturba, se aleja de lo convencional para presentarse de una manera auténtica, honesta y única.

En su anhelo de conquistar la Luna, el hombre realizó varias misiones espaciales sin éxito, hasta que logró cumplir su objetivo en 1969.  El 20 de julio de 1969 marcó un antes y un después en la historia reciente del siglo XX. La llegada del Hombre a la Luna dio popularidad a dos astronautas, Armstrong y Aldrin, que se convirtieron en  los primeros seres humanos en caminar sobre la superficie lunar. Sin embargo, la música caminó por la Luna mucho antes, a través de las composiciones clásicas de músicos como Ludwig van Beethoven o Claude Debussy, entre otros, que sucumbieron al misterio y exotismo de nuestro satélite.

La Sonata para piano n.º 14 en Do Sostenido Menor «Quasi una fantasia», Op. 27, n.º 2, popularmente conocida como Claro de luna (en alemán, Mondscheinsonate), fue escrita por Ludwig van Beethoven en 1801 y publicada por Giovanni Cappi en Viena en marzo de 1802. Su primera edición apareció con el siguiente epígrafe.

Sonata Quasi una Fantasia per il Clavicembalo o Piano-forte composta e dedicata alla Damigella Contessa Giulietta Guicciardi da Luigi van Beethoven, Opera 27 No. 2. In Vienna presso Gio. Cappi Sulla Piazza di St. Michele No. 5.

Sonata Quasi una Fantasía para clavecín o piano, compuesta y dedicada a la señorita condesa Giulietta Guicciardi, de Ludwig van Beethoven. Op. 27, n.º 2. Publicado en Viena en casa de Giovanni. Cappi, Michaelerplatz N º 5.

La «damigella» o “señorita” a la que se refiere la dedicatoria anterior era su alumna, la condesa Giulietta Guicciardi de 17 años, de quien se decía que estaba enamorado. La familia Guicciardi llegó a Viena en la primavera de 1800 y Giulietta pronto se convirtió en alumna de Beethoven. Con el tiempo surgió un romance entre ellos que no fue aprobado por la familia Guicciardi. Así lo reflejaba Beethoven en sus cartas:

Ahora vivo más feliz. No podrás nunca figurarte la vida tan sola y triste que he pasado en estos últimos tiempos… Este cambio es obra de una cariñosa, de una mágica niña que me quiere y a quien yo amo. Al cabo de dos años he vuelto a disfrutar de nuevo algunos instantes de felicidad y por primera vez creo que el matrimonio podría hacerme feliz, pero desgraciadamente no es ella de mi posición y no puedo pensar en casarme.”

Impresiona ver, a través de estas líneas, cómo una de las figuras más relevantes de la historia de la cultura mundial pudiera sentir, en su momento, que no era “suficiente para alguien”. Es como si la cuadratura Urano-Saturno se estuviera desahogando en estas palabras. Esa cuadratura de Urano en casa 7 con Saturno en casa 10 podría justificar que su prestigio, su estatus, su profesión, su imagen pública, no fueran considerados lo suficientemente adecuados o perfectos para satisfacer las necesidades de un compromiso a la altura, no tanto de su suegro, sino de lo que él mismo percibiera de sí. Ese Saturno conjunto al Medio Cielo cacarea constantemente que nunca nada es suficiente. Urano en casa 7, por su parte, puede llevarnos al amor platónico, ese lugar en el que ponemos nuestros deseos en alguien que no podemos tener porque, en realidad, no queremos tenerlo. La libertad de Urano subyuga al compromiso cuando no registra la diferencia entre ser independiente y ser abandonado o rechazado.

Siguiendo con la fantasía que nos da la Luna, descubrimos otra hermosa historia escondida detrás de esta composición musical. Sea verdadera o no, la historia está cargada de romanticismo, de amor y de encantamiento.

Beethoven, carente de afecto desde su infancia y con síntomas de sordera, se sentía atormentado y enfurecido, llegó a sentirse incomprendido y solo. Se aisló y cayó en una profunda depresión que le condujo a ideas suicidas. Se cuenta que un día Beethoven coincidió con una joven y bella muchacha ciega, a la que contó sus pesares, su infinita tristeza y sus ganas de quitarse la vida. La chica le contestó: “tú te quieres morir, y yo daría mi vida entera por poder ver una noche de luna”. Entonces, Beethoven, conmovido por su historia compuso la Sonata Claro de Luna. Quiso satisfacer los deseos de la chica, para que ella, si bien por ser ciega no podía ver la Luna, al menos la pudiera oír, sentir y percibir a través de su música.

En esta historia se sincronizan, bajo la Luna, varios elementos simbólicos comunes: la noche, la ceguera y la noche oscura del alma que Beethoven estaba atravesando. Y de pronto llega la chispa, el despertar y la claridad del día. Bien pudo aquel encuentro con una nueva amiga despertar el Gran Trígono de Tierra en la carta del compositor. Ese trígono une las casas 3, 7 y 11, es decir las casas de aire en las que se da algún tipo de encuentro con el otro desde el intercambio y la comunicación. Ese encuentro pudo fundir al autor con la chica ciega y unió sus vidas para siempre al despertar en el músico un anhelo neptuniano de materializar a la Luna a través de la expresión musical, de hacerla tangible desde lo capricorniano. Puede que incluso fuera un intento de alcanzarla, de volar hasta ella a lo sagitariano.

Al mismo tiempo que los dos personajes revivían sus propias heridas personales, la creatividad y la Luna como telón de fondo evocaban a este Trígono de Tierra que casi casi forma un Cometa con Quirón en Casa 5. Las heridas están estrechamente relacionadas con el poder de la Luna como elemento determinante de esos hábitos familiares heredados desde los que hemos aprendido, o no, algunos de nuestros roles emocionales. Así, la necesidad de comunicar, propia de la casa 3, con la perspectiva del reflejo que ofrece la casa 7, pudieron sutilmente encender un nuevo anhelo de vida en la casa 11. A Neptuno poco le importa si esta historia es verdadera o no. Aunque sea fruto de la fantasía ¿no es igualmente real sólo por el hecho de que nos ha llegado hasta hoy? Tanto la historia como la composición aún nos transmiten profundas emociones. Y desde luego, la mujer ciega encaja de manera muy adecuada con ese Urano en casa 7 que habla de encuentros repentinos que nos liberan, nos elevan y nos sacuden desde lo inesperado. Es ese encuentro que desprende una descarga eléctrica que lo cambia todo, ya que nos conecta con la idea de ser diferentes en algo.

El Gran Trígono de la carta natal de Beethoven vincula a los tres planetas colectivos o transpersonales y hacen de este autor y su obra un canal universal. Así quedan vinculados Urano con Plutón, lo que le otorgan un toque transgresor y revolucionario a la composición del maestro. Desde un punto de vista técnico musical, Beethoven rompe y transgrede la regla de composición de sonata. El patrón del período clásico seguía la pauta de cuatro movimientos: rápido – lento – rápido – rápido. En cambio, esta composición posee una trayectoria ponderada hasta el final que retrasa el movimiento rápido y lo contiene hasta el tercer y último movimiento. De ahí su título  para el op. 27 como Sonata «Quasi una fantasía». Su estructura es: I. Adagio sostenuto – II. Allegretto – III. Presto agitato.

El Adagio Sostenuto es un movimiento tranquilo y ondulante que debería de interpretarse con la máxima delicadeza. Es una melodía acompañada de textura unificada y dinámica, siempre piano.  Está escrita en forma de lied ternario, o forma sonata, según diferentes visiones, teniendo en cuenta que la referencia a “quasi una fantasia” nos acerca a una estructura más libre. El segundo movimiento, Allegretto, es un minueto o danza de carácter más elegante  y sin sobresaltos, para dar rienda suelta a un enérgico tercer movimiento. El Presto Agitato, con forma sonata, impacta  por su elevada dificultad técnica, con sus rápidas escalas y arpegios que expresan desesperaciones y deseos de reponerse tanto física como emocionalmente para completar y así perfeccionar su camino.

Los tres movimientos podrían relacionarse con la Luna en sus fases creciente, llena y decreciente. El hecho de que aparezcan de pronto tres movimientos en vez de cuatro podría sugerir que para  Beethoven la fase de luna nueva no es en realidad ni principio ni final sino un punto transitorio tan puro, tan delicado que no lleva ni música. El primer tiempo contenido podría asemejarse a ese leve caminar de la Luna en sus primeros pasos, como una recién nacida que ha venido a explorar el mundo tímidamente.  El segundo movimiento, algo más ligero, se correspondería al momento de luna llena, ese espacio temporal en el que la luna llega a su fase de máxima luz y otorga una nueva perspectiva, vislumbra un nuevo horizonte, sólo para rendirse después, alegre, explosiva y empoderada al último pulso de su ciclo, el decreciente, desde el deseo de contar a todos lo que ha visto, lo que ha vivido, lo que ha sentido, con toda la contundencia posible. Quizás ese último movimiento, tan precipitado pero al mismo tiempo tan nítido, fuera concebido para transmitir el deseo de llegar al final de un ciclo con la prisa de quien se quiere ir para volver a empezar. Esta es una pieza que encierra los grandes cambios en su vida así como su sordera.

La obra adquirió el nombre de Claro de luna después de la muerte de Beethoven en 1827, y fue el poeta y crítico musical Ludwig Rellstab quien comparó su música con el reflejo de la luna llena en el Lago Lucerna.

Mientras escribíamos este artículo, nos ha sorprendido una sincronicidad entre la carta de Beethoven y el momento astrológico actual. En su carta están los tránsitos que estamos viviendo de Urano en Tauro y Júpiter y Plutón en Capricornio. Puede que no sea casualidad que nosotras también nos hayamos inspirado hoy en la luna para acercar esta historia de una de las obras más reproducidas de la música clásica. Deseamos haceros llegar la chispa eléctrica del despertar al deseo de un mundo en que logremos conectarnos e intercambiar desde la fantasía, la imaginación y el ensueño de la Luna. Hemos sentido que si este Claro de Luna fuera un símbolo astrológico, sería un Júpiter en braille, como la luz de la Luna en medio de la noche, como la esperanza para quien no puede ver la abundancia que le rodea. Todo ello desde nuestra versión preferida de esta Sonata de Claro de Luna de Ludwig Van Beethoven: la de Daniel Baremboin:

 

Este artículo apareció originalmente publicado en www.revistastellium.com

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