Itziar Azkona – La Gran Mutación, Ciclo Júpiter Saturno

EL CICLO ASTRONÓMICO

La astrología es fundamentalmente el estudio de los ciclos y en esto, dada su antigüedad, el ciclo de 20 años entre una conjunción -dos planetas situados a 0º- de los planetas Júpiter y Saturno y la siguiente es uno de los más estudiados a lo largo de la historia. Esto viene dado por dos razones principales. En primer lugar, el concepto de tiempo en la antigüedad era muy diferente al nuestro. Pensemos que para elaborar algunas de las tareas que hoy se hacen al momento, en un tiempo pasado se empleaba un día entero e incluso podía llevar semanas culminarlas. Por lo tanto los 20 años que dura un ciclo completo entre Júpiter y Saturno tenían un sentido subjetivo de duración mucho mayor que en la actualidad. En segundo lugar, estos planetas fueron los dos más lejanos a la Tierra conocidos hasta el descubrimiento de Urano en 1781, gracias al telescopio. Su importancia podría ser similar a la que ahora puede tener para nosotros el ciclo de 495 años entre Neptuno y Plutón que son, hoy por hoy, los dos planetas más lejanos del sistema solar que conocemos y, por tanto, los que marcan el ciclo de mayor duración entre una conjunción y otra. Lo mismo que Plutón ha marcado un límite en nuestro sistema solar, que por cierto, ahora comenzamos a sobrepasar, en la antigüedad Saturno representaba el final de la dimensión física constatable porque era el último planeta visible al ojo humano.

Con el tiempo se pudo observar que Júpiter y Saturno se juntaban regularmente cada 20 años, lo hacían de manera consecutiva en signos del mismo elemento y completaban  un ciclo mayor de 960 años cuando las conjunciones habían recorrido todos los elementos, lo que daba comienzo a un nuevo ciclo. Esto hace que, por ejemplo, desde 1780 hasta 2020 todos los encuentros en conjunción de Júpiter y Saturno se hayan dado en signos de tierra: Tauro, Virgo o Capricornio. Así, el 21 de diciembre de 2020, en coincidencia con el solsticio, Júpiter y Saturno estarán en conjunción exacta en el signo de Acuario después de haber realizado sus encuentros durante los 240 años anteriores en signos de tierra, y así iniciarán un nuevo ciclo de otros 240 años en el que sólo se encontrarán en signos de aire. Libra será el siguiente punto de encuentro. Es cierto que en 1982 Júpiter y Saturno se encontraron en Libra en un movimiento “como retrógrado” dentro de este ciclo de 240 años pero es sin duda en 2020 cuando tiene lugar el cambio definitivo de elemento que da lugar a lo que se conoce en Astrología Mundana como La Gran Mutación.

Mediante la observación de acontecimientos históricos se pudo registrar que, si cada 20 años, en coincidencia con la conjunción entre Júpiter y Saturno, se daban acontecimientos de índole vital a nivel sociopolítico, cuando esa conjunción se daba en el cambio de elemento, como el de este año 2020, los giros históricos eran aún más dramáticos.

EL MITO ARQUETÍPICO

Cuando en el centro del mito están Júpiter y Saturno, en el escenario estarán el viejo padre todopoderoso y el hijo menor que osó disputarle el poder. Padre e hijo lucharon durante varios años. El primero luchaba por mantener el status quo, por mantener lo bueno del pasado que sí sirve y por mantener el orden dentro de los límites de lo conocido. Por el contrario, el segundo se enfrentaba por establecer un nuevo sistema de poder, porque intuía lo que estaba por llegar, para darle espacio y por romper el molde y expandir los muros del reino más allá de lo establecido.

A un Saturno que se tragaba a sus hijos por miedo a ser destronado le llegó la hora de batirse en duelo con su hijo Júpiter, al que su mujer Rea había salvado de la muerte. Esta entregó a su marido una piedra en vez de a su hijo recién nacido. Cuando Júpiter estuvo a salvo y preparado, cuando hizo su propio proceso, con ayuda de sus antepasados, dio a beber a su padre una pócima mágica y con ello logró vencerle y liberar a sus hermanos, con los que posteriormente se repartió el poder. Con Saturno había un sistema de Dios todopoderoso. Júpiter, sin embargo, se repartió el poder con Neptuno y Plutón. Júpiter se quedó en lo alto del Olimpo, Neptuno en el mar y Plutón en el inframundo del que apenas salió tres veces. El poder quedó así más repartido y el todo indefinido se separó en reinos diferenciados: el de la mente, el de la emoción y el de lo físico instintivo material.

Para los griegos, Saturno gobernó durante toda la Edad de Oro, y el mito tiene ciertas similitudes con el mito bíblico en el que en un principio Adán y Eva estaban en el Paraíso donde todo era uno y nada faltaba hasta que llegó el momento de la expulsión y la separación. Así, a nivel mitológico, Júpiter y Saturno estarían representando el despertar a una nueva consciencia a través de una separación de aquello que nos parece perfecto pero que, por serlo, no nos da el estímulo suficiente para querer saber y conocer más. Si bien fuera del Paraíso y del Olimpo hace frío y no todas las necesidades están cubiertas, el camino nos ofrece los retos necesarios para seguir madurando y creciendo a nivel psicológico y personal.

EL SÍMBOLO ASTROLÓGICO

A nivel simbólico tenemos una primera cuestión que tiene que ver con la importancia de la conjunción entre dos planetas, lo que marca el final y el principio de ciclo. En su final, el momento que vivimos es simbólicamente como la savia que vuelve a la raíz, como el invierno en que todo se retira y se mete hacia adentro. Es un momento de toma de conciencia, de integración final de todo el proceso vivido durante el ciclo. Se trata de un ciclo que muere sabedor de contener la semilla de lo nuevo. Como principio es un punto de emergencia, de optimismo, de resurrección, de nacimiento. Simbólicamente es como la primavera, ese momento en que todo empuja para volver a la vida. En astrología mundana este es un momento de importantes giros históricos.

La segunda cuestión la aporta lo derivado del simbolismo de los arquetipos o energías que se juntan en la conjunción, a cuya comprensión ayuda el mito como una forma de ampliar nuestra visión sobre la naturaleza de las energías en acción. En astrología psicológica, tanto Júpiter como Saturno forman dos energías complementarias que se compensan entre sí para contribuir con nuestro proceso de socialización. Mientras una fuerza nos impulsa hacia adelante para crecer, la otra nos retiene para forjar nuestro carácter y responsabilizarnos. Por un lado, Júpiter es la necesidad de mirar hacia el futuro, por otro lado Saturno representa los miedos, inseguridades e inhibiciones que necesitamos superar. El objetivo de su encuentro suele contribuir al despertar de una nueva visión del mundo, al despertar de una nueva filosofía más allá de lo material. Se pone a prueba todo nuestro sistema de creencias y nuestra visión de la vida a medida que vamos recibiendo píldoras de realismo, a medida que vamos descubriendo que la realidad no era del todo como la habíamos percibido hasta ese momento. Los dos arquetipos nos enfrentan a un debate colosal sobre qué es más valiosa, si la verdad o la realidad. Y nos indican que lo que hoy aparece como real nos puede ayudar a ajustar nuestra verdad, al mismo tiempo que despertar a una nueva verdad cambia la forma de ver la realidad.

En otra de sus dimensiones Júpiter representa el sentido de las cosas, la búsqueda de comprensión, la confianza o la fe. Por el contrario, Saturno es quien nos devuelve, una y otra vez como una noria, a la realidad cada vez que chocamos con las leyes universales, con la autoridad o con el límite del tiempo. Bajo su encuentro nos podemos debatir entre las olas empeñadas en llevarnos contra las rocas y la confianza feroz de quien sabe, sin saber cómo, que saldrá del oleaje y navegará de nuevo en calma. Si hay polaridad se pueden vivir momentos desgarradores e irreconciliables a nivel psicológico entre la tristeza más profunda o la confianza más desmedida. Si se hace la síntesis y se recupera lo aprendido durante el ciclo, se puede materializar alguna visión interna de manera práctica que devuelva el control del timón y la dirección hacia algún tipo de éxito personal o colectivo. La realidad no se hunde cuando se erige en una oportunidad de avanzar con paso más sólido. La fe mueve cuando, desde ella, se fabrica y se construye un nuevo golpe de efecto que re-orienta la búsqueda personal, no porque se espera algo a cambio de nada. Con Júpiter y Saturno el aprendizaje es que todo avance tiene un coste al mismo tiempo que conlleva la recompensa de crecer y madurar.

En astrología mundana, Júpiter representa la abundancia, el bienestar, la tolerancia, la libertad y el optimismo pero también el punto en que las cosas se escapan de control. Saturno está relacionado con la austeridad, los miedos colectivos, el dogmatismo y el exceso de control, con la ley y el orden. Por tanto, entre los dos forman un todo que puede afectar de manera significativa a la seguridad material. Saturno limita lo que Júpiter expande para que no sea exagerado, y Júpiter impulsa lo debe seguir creciendo y nos lleva a conquistar nuevos territorios para que lo que Saturno limita no estrangule. Esto puede ofrecer soluciones más realistas y productivas en la mejora de un sistema que muestra tanto sus excesos como sus limitaciones para un reparto más igualitario de la abundancia. Sin duda alguna, ofrece la posibilidad de derribar, destruir y reconstruir estructuras tanto políticas como sociales o económicas.

LA CONJUNCIÓN JÚPITER SATURNO EN ACUARIO

Id a la ciudad 
y os encontrará un hombre con un cántaro de agua
y en la casa en la que él entrare, seguidle

(Lucas 22:10)

En el estudio de los ciclos siempre está la necesidad de profundizar en lo nuevo que traerán, en la manifestación del potencial que está por surgir. Para profundizar aun más en el significado simbólico del cambio de ciclo es necesario igualmente mirar en qué signo tiene lugar la conjunción. En esta ocasión es en Acuario.

El hombre del cántaro de agua marca el espacio donde los 12 discípulos se convirtieron en uno sólo. Así Júpiter en Acuario, el signo del cántaro de agua, puede ser el motor de los hombres y mujeres dispuestos a hacer de su propósito el reparto de agua pura y limpia y crear espacios donde las libertades se compartan, donde las consciencias personales y los liderazgos se sumen, donde las necesidades humanas se intuyen por todos y para todos.

Hasta ahora, Saturno se encontraba en su signo de regencia, mientras que Júpiter en Capricornio estaba contenido, con lo que el Saturno de la austeridad tenía las de ganar en algún movimiento de la partida. El paso a la energía de Acuario el 21 de diciembre de 2020 no deja claro quién podrá más. Por un lado, Saturno es el regente clásico de Acuario y está muy presente en su primer decanato según algunos astrólogos. Pero por otro lado, Júpiter es el regente interno de Acuario, lo que le dotaría de un nuevo protagonismo. Podríamos ver, durante un tiempo, una manifestación simultánea y a la vez muy diferenciada de las dos energías.

Si Saturno impregna su realismo en este comienzo de ciclo y Júpiter disemina con abundancia y alegría el espíritu acuariano de “para todos”, podríamos estar a las puertas de una nueva era más solidaria y humanitaria. Pero igualmente, el eterno buscador y rebelde sin causa puede buscar por buscar y no hallar más que ideas vacías, tecnología arbitraria y gran intransigencia si hay fanatismo y extremismos. La dualidad está servida y los extremos políticos, religiosos o económicos pueden revivir como la oposición capitalismo-comunismo, o la distancia entre religiones, culturas o razas. Ahora bien, desapego y desafección no son lo mismo, independencia y libertad no implican frialdad, por lo tanto la Humanidad de Acuario, lejos de vaivenes emocionales, puede ofrecer lo mejor de sí misma e impulsarnos un paso más en la construcción de una ciudadanía más madura, más consciente.

En el futuro inmediato se verá si a nivel filosófico y espiritual se manifiesta en lo práctico el concepto de que todos somos parte de un todo indivisible que no tiene por qué llevarnos a sacrificar nuestras individualidades sino más bien al contrario, a potenciarlas. Veremos si estamos lo suficientemente maduros para continuar el camino del Zeus humanizado. Si Zeus descendió del Olimpo y se humanizó con la figura de Jesucristo, ahora somos toda la Humanidad en su conjunto la que podemos constelar esa energía y convertimos en líderes y maestros de una realidad más consciente. Podríamos constelar la generosidad, la empatía universal y empezar a sintetizar y a conectar con una realidad más abstracta. La Astrología podría ser una de las herramientas beneficiadas con la expansión de un conocimiento más universal para todos, de realidades más sintéticas y abstractas que nos ayuden en el encuentro de verdades internas profundas. La ayuda y el servicio podrían nacer de acciones grupales mucho más poderosas que den cabida a realidades individuales más maduras y creativas y con una bondad y un sentido práctico de gran valor, con trabajo, esfuerzo y desinterés colectivos.

Trascended todos los códigos de la ley y
entregaos a Mí como uno”.
Krishna

Si Júpiter está destinado a esparcir de manera abundante la sabiduría aprendida y contenida de Acuario a través del valor del grupo y en solidaridad, podríamos lograr ver algún atisbo de solución tecnológica de gran beneficio para toda la Humanidad. Desde este punto, Júpiter tiene el poder de conectar la diversidad de cada alma con la consciencia impersonal y unificadora que hay dentro de cada uno de nosotros. Tiempos realmente apasionantes los que se nos presentan en el futuro inmediato. Para la Astrología Esotérica, la conjunción Júpiter-Saturno en Piscis anunció el advenimiento del Mesías. Veremos que anuncia en el signo de Acuario en este momento del ciclo histórico en el que nos hallamos inmersos.

Por último señalar que el encuentro entre Júpiter y Saturno se dará en el grado 0º de Acuario. Este grado representa un portal hacia lo nuevo. Representa el entusiasmo del niño pequeño, del ser libre que aterriza en un nuevo territorio dispuesto a explorarlo desde su pureza, desde su inocencia, con enorme potencial creativo. Previsiblemente ya se ha entendido y se ha digerido la experiencia vivida en el grado 29º de Capricornio, donde poco se podía hacer.

“lo que se inicia en Aries,
se manifiesta en Acuario
y alcanza en Libra su equilibrio”.

A.Bailey

Saturno y Júpiter se encontrarán de nuevo en octubre en 2040 en el signo de Libra, lo que podría cerrar y abrir un ciclo de equilibrio en el reparto de justicia social. En ese momento Saturno estará exaltado en Libra por lo que, de nuevo, las energías podrían estar alineadas en la expresión de la mejor versión de estos dos arquetipos sociales. De tal manera que aquello que ya hemos iniciado podría estar a punto de manifestarse para llegar a un punto de equilibrio a partir de 2040.

Sea como sea que se vayan a desarrollar los acontecimientos del futuro, el estudio de los ciclos astrológicos nos indican que estamos viviendo un momento de gran importancia histórica, similar al que se pudo vivir en el siglo XIII, en la baja Edad Media, en el que en Europa comenzó a desaparecer el sistema sociopolítico del feudalismo y se empezaron a sentar las bases del Renacimiento y la Ilustración. En aquel entonces la relación noble y vasallo se transformó en un modelo de organización social más igualitario. El conocimiento comenzó a expandirse a más capas de la sociedad, el pensamiento se hizo menos supersticioso y más racional y nació una burguesía o clase social ligada al comercio y al dinero que sustituyó a los poderosos por linaje o descendencia. Con el tiempo y perspectiva podremos valorar mejor las implicaciones de este cambio de ciclo para los tiempos actuales, ya que nunca hay dos ciclos iguales.

 

Este artículo apareció originalmente publicado en www.revistastellium.com

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